Muchas veces nos ha pasado que debido a nuestra profesión o a que hemos sido invitados a realizar una presentación social o deportiva, dar una charla, una conferencia, etc., nos topamos con la incertidumbre de qué decir, como hacer para que nuestro mensaje sea comprendido en forma clara y precisa sin llegar a aburrir a nuestros oyentes y, principalmente, como hablar con seguridad dejando los nervios a un lado.
Para empezar hay que comenzar diciendo que no es fácil pararse frente a un grupo de personas y transmitir nuestras ideas. La confianza en público se adquiere con el pasar del tiempo pero qué hacer cuando debemos toparnos ya con dicha experiencia.
He aquí unos cuantos consejos a seguir:
1.- Prepara tu discurso: haz un borrador de lo que deseas expresar en público y ensayalo frente a un espejo y con un grabador. Así notarás lo que debes mejorar o cambiar.
2.- Debes tener claro que la primera impresión siempre cuenta así que comienza por no descuidar los detalles de tu aspecto personal: adecúalo de acuerdo al público y a lo que vas a transmitir.
3.- Colócate en el centro o en algún lugar visible para que todos tus interlocutores no solo te puedan oir sino que también te puedan ver: tu lenguaje no verbal debe estar acorde con tu lenguaje verbal.
4.- Muestra seguridad y confianza al hablar Contagia entusiasmo en tu público so solo con tu voz sino también usando tu expresión corporal: no podemos emocionar a los demás si nosotros mismos no nos emocionamos.
5.- Dialoga con tu público: evita mirar a los costados, al suelo, al techo o al pizarrón, si acaso estás dando una exposición. Esfuérzate para mirar a todos.
6.- Realiza con convicción el cierre de tu discurso, disfrutalo y gánate a tu público.
Espero que estos consejos te sirvan como en su momento me han servido. Repito, no es fácil hablar en público pero con dedicación y práctica se pueden superar los temores.
lunes, 1 de diciembre de 2014
viernes, 28 de noviembre de 2014
Mis inicios en la Correcional
Ingresé a laborar en el Centro de Adolescentes Infractores - Masculino en abril del 2013, anteriormente llamado Correcional de Menores. Creo mas bien, mal llamado "correcional" dado que lo último que hacían en ese lugar insalubre y corrupto era corregirse. Y como corregirse si eran apadrinados por muchas personas que laboraban al interior del centro para que sigan consumiendo estupefacientes y utilizando celulares al interior de sus celdas, llamadas "dormitorios" a cambio de unos cuantos dólares pese a que eso significaba infringir las leyes y, si no "colaboraban" por las buenas, eran extorsionados tanto por el Personal a cargo del centro como de los adolescentes más antiguos para conseguir sus objetivos más bajos.
Al principio fue bastante chocante toparse con semejante realidad. Era como entrar en el mundo de una dimensión desconocida. Y acaso si lo era, pues era mi primera experiencia con el mundo penitenciario. Nunca antes había estado tan rodeada de adolescentes infractores de tanta índole: desde consumidores de drogas (siendo estos los más sanos) hasta sicarios y violadores.
Adolescentes cuyas conversaciones eran de lo más comunes oirles vanaglorearse del número de muertos que tenían a cargo a cambio de unos cuantos dólares o del pago con drogas.
Adaptarme a ese medio me costó algún tiempo, tiempo en el cual ni siquiera llegaba a entender su lenguaje cotidiano pero que, al pasar de los meses, casi adivinando terminé no solo asimilandolo sino también haciendolo cotidiano en mi forma de expresarme para poder tener una "mejor comunicación" con este tipo de adolescentes.
Y así pasaron los meses, sin darme cuenta, un día dejé de mirarlos como los adolescentes infractores de la ley que son, sin ese miedo que te da la primera vez de no saber que puede pasarte si no llegas a simpatizar con ellos o si no acatas sus pedidos y amenazas y comencé a socializar de mejor manera con ellos. Es increíble ver como terminas por familiarizarte tanto con ellos en el sentido que no te interesa tanto la causa por la cual ingresaron en el centro sino que comienzas a ver las formas en que puedes ayudarlos a ser mejores personas después de cumplir con sus condenas.
Terminas siendo muchas veces su cómplice, su confidente, su paño de lágrimas, muchas veces haciendo el papel de madre, hermana, tía, enfermera, maestra...un compendio de muchas cosas a la vez. Terminas comprendiendo que esos muchachos mal llamados victimarios no son más que víctimas de la sociedad y de sus propias familias.
Una sociedad discriminatoria que no se preocupa en profundizar las causas que motivaron ese tipo de comportamientos sino solo en buscar culpables. Como si uno nace sicario, ladrón, violador, drogodependiente, etc.
Una sociedad que solo sabe criticar pero no construir ni proponer ni promulgar soluciones.
Dos años al interior de ese centro en el que al inicio solo vi que los adolescentes obedecían a base de golpes, insultos, amenazas sin recibir ningún tipo de reinserción social. Dos años en los que pude pasar del trago amargo que en más de una ocasión me provocaron ganas de llorar a ser partícipe en parte, del cambio conductual en varios adolescentes pese a la insalubridad en la que hasta ahora viven.
Pero no todo es culpa del Personal a cargo porque para cambiar hay que sentir la necesidad de ser mejor persona. No podemos vivir echándole la culpa a los demás de nuestros errores ni de nuestros fracasos. Si bien es cierto, estos adolescentes son consecuencia del medio en el cual se han venido desarrollando desde niños, muchos desde el vientre materno, también es cierto que si realmente no estás conforme con tu forma de ser y con tu estilo de vida, está en ti tomar las riendas de tu destino.
Algunos quisieron aceptar el cambio, creyeron en ellos mismos y en el trayecto fueron descubriendo sus capacidades. Otros, simplemente por comodidad y conformismo, por falta de motivación, por no dejarse ayudar, prefirieron quedarse en el camino y llevar una vida de perdedores.
El camino aun es largo, sin embargo, han quedado sembradas las semillas en unos pocos para tener días mejores. Han comprendido que solo con voluntad, esfuerzo, dedicación, capacitándose en talleres, completando su instrucción escolar, se puede salir adelante. Con esos pocos hemos avanzado mucho y poco, es mejor a nada.
Al principio fue bastante chocante toparse con semejante realidad. Era como entrar en el mundo de una dimensión desconocida. Y acaso si lo era, pues era mi primera experiencia con el mundo penitenciario. Nunca antes había estado tan rodeada de adolescentes infractores de tanta índole: desde consumidores de drogas (siendo estos los más sanos) hasta sicarios y violadores.
Adolescentes cuyas conversaciones eran de lo más comunes oirles vanaglorearse del número de muertos que tenían a cargo a cambio de unos cuantos dólares o del pago con drogas.
Adaptarme a ese medio me costó algún tiempo, tiempo en el cual ni siquiera llegaba a entender su lenguaje cotidiano pero que, al pasar de los meses, casi adivinando terminé no solo asimilandolo sino también haciendolo cotidiano en mi forma de expresarme para poder tener una "mejor comunicación" con este tipo de adolescentes.
Y así pasaron los meses, sin darme cuenta, un día dejé de mirarlos como los adolescentes infractores de la ley que son, sin ese miedo que te da la primera vez de no saber que puede pasarte si no llegas a simpatizar con ellos o si no acatas sus pedidos y amenazas y comencé a socializar de mejor manera con ellos. Es increíble ver como terminas por familiarizarte tanto con ellos en el sentido que no te interesa tanto la causa por la cual ingresaron en el centro sino que comienzas a ver las formas en que puedes ayudarlos a ser mejores personas después de cumplir con sus condenas.
Terminas siendo muchas veces su cómplice, su confidente, su paño de lágrimas, muchas veces haciendo el papel de madre, hermana, tía, enfermera, maestra...un compendio de muchas cosas a la vez. Terminas comprendiendo que esos muchachos mal llamados victimarios no son más que víctimas de la sociedad y de sus propias familias.
Una sociedad discriminatoria que no se preocupa en profundizar las causas que motivaron ese tipo de comportamientos sino solo en buscar culpables. Como si uno nace sicario, ladrón, violador, drogodependiente, etc.
Una sociedad que solo sabe criticar pero no construir ni proponer ni promulgar soluciones.
Dos años al interior de ese centro en el que al inicio solo vi que los adolescentes obedecían a base de golpes, insultos, amenazas sin recibir ningún tipo de reinserción social. Dos años en los que pude pasar del trago amargo que en más de una ocasión me provocaron ganas de llorar a ser partícipe en parte, del cambio conductual en varios adolescentes pese a la insalubridad en la que hasta ahora viven.
Pero no todo es culpa del Personal a cargo porque para cambiar hay que sentir la necesidad de ser mejor persona. No podemos vivir echándole la culpa a los demás de nuestros errores ni de nuestros fracasos. Si bien es cierto, estos adolescentes son consecuencia del medio en el cual se han venido desarrollando desde niños, muchos desde el vientre materno, también es cierto que si realmente no estás conforme con tu forma de ser y con tu estilo de vida, está en ti tomar las riendas de tu destino.
Algunos quisieron aceptar el cambio, creyeron en ellos mismos y en el trayecto fueron descubriendo sus capacidades. Otros, simplemente por comodidad y conformismo, por falta de motivación, por no dejarse ayudar, prefirieron quedarse en el camino y llevar una vida de perdedores.
El camino aun es largo, sin embargo, han quedado sembradas las semillas en unos pocos para tener días mejores. Han comprendido que solo con voluntad, esfuerzo, dedicación, capacitándose en talleres, completando su instrucción escolar, se puede salir adelante. Con esos pocos hemos avanzado mucho y poco, es mejor a nada.
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