Ingresé a laborar en el Centro de Adolescentes Infractores - Masculino en abril del 2013, anteriormente llamado Correcional de Menores. Creo mas bien, mal llamado "correcional" dado que lo último que hacían en ese lugar insalubre y corrupto era corregirse. Y como corregirse si eran apadrinados por muchas personas que laboraban al interior del centro para que sigan consumiendo estupefacientes y utilizando celulares al interior de sus celdas, llamadas "dormitorios" a cambio de unos cuantos dólares pese a que eso significaba infringir las leyes y, si no "colaboraban" por las buenas, eran extorsionados tanto por el Personal a cargo del centro como de los adolescentes más antiguos para conseguir sus objetivos más bajos.
Al principio fue bastante chocante toparse con semejante realidad. Era como entrar en el mundo de una dimensión desconocida. Y acaso si lo era, pues era mi primera experiencia con el mundo penitenciario. Nunca antes había estado tan rodeada de adolescentes infractores de tanta índole: desde consumidores de drogas (siendo estos los más sanos) hasta sicarios y violadores.
Adolescentes cuyas conversaciones eran de lo más comunes oirles vanaglorearse del número de muertos que tenían a cargo a cambio de unos cuantos dólares o del pago con drogas.
Adaptarme a ese medio me costó algún tiempo, tiempo en el cual ni siquiera llegaba a entender su lenguaje cotidiano pero que, al pasar de los meses, casi adivinando terminé no solo asimilandolo sino también haciendolo cotidiano en mi forma de expresarme para poder tener una "mejor comunicación" con este tipo de adolescentes.
Y así pasaron los meses, sin darme cuenta, un día dejé de mirarlos como los adolescentes infractores de la ley que son, sin ese miedo que te da la primera vez de no saber que puede pasarte si no llegas a simpatizar con ellos o si no acatas sus pedidos y amenazas y comencé a socializar de mejor manera con ellos. Es increíble ver como terminas por familiarizarte tanto con ellos en el sentido que no te interesa tanto la causa por la cual ingresaron en el centro sino que comienzas a ver las formas en que puedes ayudarlos a ser mejores personas después de cumplir con sus condenas.
Terminas siendo muchas veces su cómplice, su confidente, su paño de lágrimas, muchas veces haciendo el papel de madre, hermana, tía, enfermera, maestra...un compendio de muchas cosas a la vez. Terminas comprendiendo que esos muchachos mal llamados victimarios no son más que víctimas de la sociedad y de sus propias familias.
Una sociedad discriminatoria que no se preocupa en profundizar las causas que motivaron ese tipo de comportamientos sino solo en buscar culpables. Como si uno nace sicario, ladrón, violador, drogodependiente, etc.
Una sociedad que solo sabe criticar pero no construir ni proponer ni promulgar soluciones.
Dos años al interior de ese centro en el que al inicio solo vi que los adolescentes obedecían a base de golpes, insultos, amenazas sin recibir ningún tipo de reinserción social. Dos años en los que pude pasar del trago amargo que en más de una ocasión me provocaron ganas de llorar a ser partícipe en parte, del cambio conductual en varios adolescentes pese a la insalubridad en la que hasta ahora viven.
Pero no todo es culpa del Personal a cargo porque para cambiar hay que sentir la necesidad de ser mejor persona. No podemos vivir echándole la culpa a los demás de nuestros errores ni de nuestros fracasos. Si bien es cierto, estos adolescentes son consecuencia del medio en el cual se han venido desarrollando desde niños, muchos desde el vientre materno, también es cierto que si realmente no estás conforme con tu forma de ser y con tu estilo de vida, está en ti tomar las riendas de tu destino.
Algunos quisieron aceptar el cambio, creyeron en ellos mismos y en el trayecto fueron descubriendo sus capacidades. Otros, simplemente por comodidad y conformismo, por falta de motivación, por no dejarse ayudar, prefirieron quedarse en el camino y llevar una vida de perdedores.
El camino aun es largo, sin embargo, han quedado sembradas las semillas en unos pocos para tener días mejores. Han comprendido que solo con voluntad, esfuerzo, dedicación, capacitándose en talleres, completando su instrucción escolar, se puede salir adelante. Con esos pocos hemos avanzado mucho y poco, es mejor a nada.
